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Pequeño amo de casa

27 diciembre, 2013

Pues sí, parece que tenemos un marujo en potencia. Resulta que lo que más le gusta al Redondo (léase, mi hijo) son la cocina y la lavadora. 

Ya puede él estar ocupadísimo con cualquier juguete o viendo Bob Esponja en la tele que si le mencionas la palabra “lavadora” se lanza corriendo como un loco hacia la susodicha. No le gusta, le ENCANTA. Se lanza andando como Zoidberg hacia ella y se pone a abrir y cerrar la puerta y toquetear todos los mandos. 

El otro día estoy yo poniendo la lavadora y justo cuando le doy al botón de encender me viene un flash premonitorio y la paro al instante. Como había estado el Redondo paseando por allí un rato antes me asaltó la duda y miré con detenimiento a ver si me había movido los botones. Efectivamente, menos mal que estuve rápida. Había desactivado el centrifugado y movido el selector al programa de lavado a 90 grados. Como no me diera cuenta mi marido y yo nos íbamos a quedar sin ropa y el Redondo a tener montones. 

La otra cosa que le chifla es el horno. Por la noche cuando llegamos a casa, después de bañar al niño, normalmente uno se queda con él en la sala y el otro hace la cena. Pues no hay día que no se escabulla 3 ó 4 veces a la cocina a abrir todas las alacenas que alcanza y, si le dejo, jugar con todos los mandos del horno. 

Un día que decidimos cenar pizza casera (tengo pendiente publicar la receta) pongo a precalentar el horno mientras estiro la masa y preparo la pizza. Cuando tengo todo listo voy a meterla al horno y resulta que está completamente frío. Mecagoentodo, ya vino por aquí el cabroncete este a cambiarme la temperatura del horno. Bueno, no pasa nada, lo pongo al máximo, meto la pizza igualmente y me voy a la sala con mis hombres. Pasado un tiempo prudencial voy a ver cómo va la pizza y resulta que está igual que cuando la metí. Me extrañó pero pensé que claro, como estaba el horno frío igual le estaba costando. Cuando vuelvo después de unos 10 ó 15 minutos, ya con intención de sacarla del horno me encuentro con que la masa se ve super seca y el queso casi ni fundido. Lo primero que pensé es que se había jodido el horno pero acto seguido se me vino el Redondo a la cabeza. Resulta que el muy bandido me había puesto calor sólo por abajo y claro, así no se fundía el queso. Lo arreglé poniendo el calor sólo de arriba pero aún así la base quedó tostadísima y el queso lo contrario. Nos la comimos igualmente porque había hambre que si no…

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