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La obra, el lavavajillas y la cama de 1,50

21 febrero, 2014

Si hay algo que no voy a echar absolutamente nada de menos cuando nos mudemos a la casa nueva es el no tener lavavajillas y la cama de 1.35. 

En mi casa tenemos la norma de que el que cocina no friega. Como siempre cocino yo pues le toca fregar al Hombre Tranquilo. El caso es que a él a veces se le acumula el trabajo. Lo va dejando, lo va dejando, la montaña de platos va creciendo y llega un momento en que si quiero cocinar tengo que fregar. No es que lo haga todos los días (sino lo mato) pero sí de vez en cuando. Así que cuando nos mudemos y tengamos nuestro precioso lavavajillas no nos lo vamos a creer, vamos a aplaudir con las orejas. 

En cuanto a la cama, en el piso donde estábamos antes teníamos una de 1.50 y era una gozada. Ahora en nuestro piso actual tenemos una de 1.35 y lo hemos notado bastante. Al principio nos acostumbramos enseguida porque sólo éramos nosotros dos pero ahora la situación ha cambiado. 

Hoy hemos tenido una noche horrible. Redondo se despertó a las cuatro y media, lo metimos en cama con nosotros, pero a partir de ahí no ha parado de dar vueltas y se ha estado despertando intermitentemente el resto de la noche. Bueno, no despertándose, sino roñando en sueños, medio llorando pero dormido. 

Esto de que no pare de dar vueltas en toda la noche es una mierda con nuestra cama pequeña. Bueno, pequeña no es, sería suficiente para nosotros, incluso sería suficiente para los tres, pero cuando uno no para de moverse, atravesarse y agitar brazos y piernas pues qué queréis que os diga, que se nos queda pequeña. 

Así que esta mañana cuando Redondo me ha despertado metiéndome un dedo en la nariz de manera nada delicada, todo sea dicho, y acto seguido un cabezazo no fuera a ser que el dedito no surtiera efecto, una servidora estaba como si le pasara una apisonadora por encima. Tengo la espalda que parece la Z del zorro. 


Y por encima resulta que Universo y el destino se confabulan en contra nuestra. Cuando ya estaba lo de las ventanas casi solucionado resulta que ayer cuando los carpinteros están acabando de colocar las puertas se les cae una mordaza y me joden 2 plaquetas del baño. Ahora tendrán que volver los al albañiles a sacar las rotas y colocar otras nuevas…

Señor ¿qué he hecho yo para merecer esto?

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6 Comments

  • Reply Mo 21 febrero, 2014 at 17:03

    Ánimo mujer, que al menos es viernes, jajajajaja!
    Yo no podría vivir sin lavavajillas, no, no, no…:D
    Muas!

  • Reply mamapuede 21 febrero, 2014 at 20:57

    Bufff respira… algún día terminareis con la obra y podéis disfrutar de vuestra casita, de la cama y del lavavajillas.

  • Reply diasde48horas 21 febrero, 2014 at 22:29

    El que no se consuela es porque no quiere jejeje
    Yo tampoco puedo vivir sin el lavavajillas ¿no se me nota lo desesperada que estoy? XD
    Un beso!

  • Reply diasde48horas 21 febrero, 2014 at 22:30

    Dicen que lo bueno se hace esperar ¿no? jejeje

  • Reply Sonia Martin 22 febrero, 2014 at 16:42

    Las obras son lo peor se hacen interminables,pero ya veras con tu lavavajillas,para mi de los mejores inventos que hay!
    Lo de la cama es una tortura,la mia tambien se atraviesa y estira los brazo y nos deja a mi pareja y a mi en una esquinita cada uno en plan momia para que no se despiertey eso que la cama es de 1,50…

  • Reply diasde48horas 23 febrero, 2014 at 9:20

    Si, al que inventó el lavavajillas habría que hacerle un monumento, cuánta sabiduría 😉
    En vista de lo que me dices no se si comprarnos entonces una cama de 2X2m jajaja. Creo que da igual el ancho de la cama, el objetivo debe ser dejar a los papás arrinconados en las esquinitas haciendo malabarismos para no caerse jejeje.

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