Derretirse de amor III

Quien me ha visto y quien me ve, con lo toxiño que yo era, una mujer de piedra, el corazón de hielo… y desde que soy madre todo a la mierda, llevo llorado más en los últimos tres años que en el resto de mi vida. Eso es así, un hecho comprobado, me he vuelto una sensiblera, ahora a la mínima ya tengo la lagrimilla asomando. Después de la primera y la segunda entrega, mi vena empalagosa está de vuelta con:

Derretirse de amor III

 La semana pasada casi paso una verguenza tremenda, casi. Menos mal que me pude contener no sé muy bien cómo, porque me costó de narices no ponerme a llorar delante de medio pueblo y de casi todas las madres del colegio. Casi me arranco medio labio de lo que me lo mordí para evitar que se me saltaran las lágrimas, pero lágrimas, lágrimas ¿eh? de llorar hipando y todo, que una cuando llora lo hace a conciencia. Tenía un nudo en la garganta tremendo y la barbilla temblando con la emoción. Allí estaba yo, parada en la acera de la calle principal del pueblo viendo pasar el desfile de disfraces del colegio. Iban por orden de cursos, así que los primeros en pasar fueron los pequeñitos, los de tres años, y entre ellos mi Redondito. Y lo veo pasar, tan mayor y tan pequeño a la vez, de la mano de uno de sus compañeros de clase, tan contento desfilando y él me ve a mi y me sonríe con la boca y con los ojos y me saluda con la mano y me dice un “hola mamá” que me deja ko, me derrito de amor allí mismo. Estoy tan orgullosa de él y lo quiero tanto que parece que el pecho me va a estallar, se me pone un nudo en la garganta, me empieza a temblar la barbilla y las lágrimas a asomar. Pasó el desfile, y yo me recompuse como pude, intentando solidificarme otra vez.

Hace un par de fines de semana, un domingo por la mañana estábamos los cuatro en casa. TRex estaba en su manta de juegos en el suelo subiendo y bajando las piernas, intentando morderse los pies (y consiguiéndolo, todo sea dicho). Yo me acosté a su lado para jugar con él y a Redondo le debió de parecer divertido porque vino también. Así que empezamos a subir y bajar las piernas los tres al ritmo que lo hacía TRex, a él también le debía de resultar divertido porque se partía de la risa. El caso es que en esas estábamos, patas arriba, patas abajo, riéndonos, cuando de repente Redondo me mira y me dice todo serio: mamá, eres mi amiga, te quiero mucho. ¿Como no derretirse de amor con eso? Vaya que si me derretí, no quedó ni un trocito entero de mi, me convertí en un charco de agua en el suelo. Y me lo comí a besos, como no. A los dos.

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11 comentarios en “Derretirse de amor III

  1. Qué bonito, lo de la amiga me ha llegado hasta a mí, que soy mujer-de-hielo-II (aunque me he ido derritiendo un poco, lo reconozco). Tiene que ser muy bonito. Besos.

  2. Pingback: Derretirse de Amor IV | días de 48 horas

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