La casa del terror

Este fin de semana ha sido totalmente caótico y no hemos descansado absolutamente nada, más bien todo lo contrario. El sábado teníamos que ir a comprar las lámparas para nuestra casa del terror particular, pero nos encontramos con un pequeño problema. Resulta que los techos de la casa nueva son de madera y están en pendiente en su mayoría, con lo cual decidimos no poner lámparas de techo, vamos a poner sólo apliques de pared. Y no sabéis lo difícil que es comprar los dichosos apliques, es que casi no hay variedad.

Hace un par de semanas ya empezamos comprando la mitad de las lámparas (más o menos) por internet. En vente privée para ser más exactos. No sé si la conocéis, es una página tipo Privalia donde se suceden distintas campañas de distintas marcas a precios muy rebajados. 

Teníamos pensado ir el sábado al Ikea a comprar las lámparas que nos faltaban pero estuvimos mirando por internet y la verdad es que no había mucha variedad en apliques, para niños sí, pero para el resto de la casa no así que en el último momento nos decidimos por el comercio local, y fuimos a una tienda de iluminación de toda la vida cerca de Santiago. La verdad es que nos sorprendió gratamente porque tenían muchísima variedad y de precio había de todo, pero nos fuimos a las baratitas jeje. 

Entre que fuimos y volvimos se nos pasó casi toda la mañana, entre que al señor a hablador no le ganaba nadie y que teníamos muchas lámparas por elegir debimos estar allí más de una hora fácil. Que por cierto, el Redondo se portó de maravilla, no se quejó absolutamente nada mientras estuvimos allí. El caso es que salimos de la tienda con la cartera más ligera y el maletero del coche lleno de lámparas, todas menos las de la habitación del Redondo y la del Futurible que no las tenían.

Arrancamos con dirección a casa de mis padres. Comimos allí con ellos y mi hermana y luego dejamos allí al Redondo mientras nosotros nos fuimos a la casa a dejar las lámparas y también ver que tal quedaban en el sitio. El resultado fue satisfactorio. 

Acto seguido, volvimos a casa de mis padres a recoger al Redondo, le dimos de merendar y arrancamos otra vez escopetados para Coruña al Ikea a comprar las lámparas precisamente para la habitación de Redondo. Llegamos y aquello era un puto agobio, había muchísima gente, de esto que hasta cuesta andar entre toda la gente que hay, no sé si os ha pasado alguna vez, pero aún así el Redondo seguía portándose de maravilla. Cogimos las lámparas y arrancamos otra vez con dirección a casa. 

Hicimos una parada técnica en el Carrefour para hacer la compra que nuestra nevera ya parecía la nevera de Carpanta. Llevaba lista, pero aún así se nos olvidaron cosas ¿esto le pasa a alguien más o sólo a mi?

Aquí el Redondo ya se empezó a cabrear, empezaba a tener hambre. Cuando llegamos a casa eran las 10 de la noche, le di la teta y se me quedó frito mamando el pobre. 

El domingo más de lo mismo. Nos levantamos y nos fuimos a llevar las lámparas que habíamos comprado el sábado por la tarde a la obra. Después de dejarlas y presentarlas en el sitio a ver qué tal quedaban nos largamos otra vez con destino Santiago, a comer con la madre de Hombre Tranquilo. Afortunadamente, la tarde la tuvimos más tranquilita. 

Aprovechamos que no llovía (después de nosecuantos siglos) y llevamos a Redondo al parque. Al pobre le encanta pero no puede ir casi nada (os recuerdo que vivimos en Galimordor donde todos los días hay agua). En el columpio está la mar de contento. De hecho, le gusta tanto que aunque se le cerraban los ojitos si intentábamos sacarlo empezaba a llorar como si no hubiera un mañana.

Y así fue nuestro fin de semana, un estrés. Estoy deseando acabar de una vez por todas, si sigo así de verdad que me vuelvo tarumba. 

Os dejo unas fotillos de cómo está quedando la cocina de la casa nueva. Aún le falta la encimera de piedra, pero ya se va viendo cómo va a quedar. 

 Estas fotos son del día que nso estaban montando la cocina, ahora ya están todos los cajones colocados, sólo falta la encimera.

 Aquí mi Hombre Tranquilo en una pose nada favorecedora, todo sea dicho, aguantando la lámapra (la única de techo que compramos para toda la casa) para ver cómo quedaba. 

¿Qué tal vuestro fin de semana? Espero que no tan estresante como el nuestro…

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6 comentarios en “La casa del terror

  1. Anda! Qué bien descubrirte!! Tenemos doble conexión, o triple! Por lo rural, por lo de la casa del terror y por lo de Coruña… yo soy de Coruña 🙂
    Me encanta la cocina! Es un lujo la luz que tenéis! Yo aquí ni con una ventana y una puerta/ventana he conseguido lo mismo… y la forma de U es genial. Tienes mucho espacio! Yo aún tengo que comprar otro mueble más porque no me caben las cosas… Creo que en Coruña no hay, pero hay apliques a muy buen precio y nada feos en Bricodepot… busca a ver si hay alguno cerca! Yo soy una fan. Las cosas tiradas de precio.
    Otra opción que yo he utilizado en la cocina (también tenemos el techo con vigas) es un riel de focos de Ikea: http://www.ikea.com/es/es/catalog/products/50262650/
    Lo puedes colocar como te venga bien, entre dos paredes y el resultado es muy chulo, además de que las lámparas son led y da bastante luz.
    Me quedo por aquí!!

  2. Ostras que pedazo de cocina no?? me gustan los tiradores 😉 jajaja
    ¿Y el pobre niño aguanto como un campeón esa jornada de compras? Se gano de sobra la tarde en el parque pero no una sino varias eh? que ir a comprar apliques es muy aburrido

  3. Bienvenida! Triple conexión!! jejeje
    La verdad es que la cocina nos ha quedado súper amplia, nos va a costar llenarla jejeje. La luz natural va a ser una gozada cuando nos mudemos porque la ventana grande está orientada al este, con lo que por las mañanas cuando estemos desayunando, si las ciclogénesis lo permiten, podremos ver salir el sol.
    El riel de focos que me comentas, era otra opción que barajábamos para la cocina, a mi marido le encantaba. Pero al final nos decidimos por la roja de colgar, más que nada por que es bastante más fácil de limpiar 😉
    Muchas gracias por comentar!

  4. Dónde los habrás visto??? jejejeje
    El niño se portó como un santo, lo tenemos que poner en un altar. Al pobre ya le debemos tantas tardes de parque… pero como no hemos visto el sol desde el mes de octubre se nos acumulan 😉

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