El carpintero tocapelotas


Ya comenté en esta entrada que en un par de meses nos vamos a mudar de casa. Hasta ahora hemos estado viviendo de alquiler en el pueblo pero hace casi un par de años cometimos la estupidez valentía de meternos en obras y construir una casa. Este fue el primer error.

En la primera fase todo fue más o menos bien, sólo tuvimos que sacarle ideas alocadas de la cabeza a la arquitecta como jacuzzi en nuestra habitación, casa de 300 metros… para el carro muchacha, que no somos Amancio Ortega. Solucionado estos detalles y con el proyecto acabado para nuestra casa bastante más modesta de lo que la arquitecta quería empezamos a lidiar con los obreros. En un principio no tuvimos mayor problema, durante toda la fase de construcción la cosa fue avanzando más o menos tranquilamente.

Ahora mismo estamos con los acabados, ya tenemos los suelos colocados y sólo falta pintar y la carpintería interior. Y aquí es donde viene nuestro SEGUNDO ERROR, con mayúsculas, sí. El dichoso carpintero. Es que el hombre nos trae por la calle de la amargura. Nos está haciendo la cocina y las puertas interiores y en ambas cosas no hace más que rompernos la cabeza. Y no, aun por encima no es del tipo del carpintero cachondo que trabaja con Hilary.



Más bien todo lo contrario. Que por cierto, estos carpinteros de la tele como este o los gemelos Scott no se de donde los sacan por que el mío más bien se parece a este:

El hombre nos da un catálogo de puertas para que escojamos la que más nos gusta. Nosotros miramos el catálogo y escogemos para que el señor luego nos venga a decir que todo son problemas. Que si esta hay problemas con el tinte, que si os van a quedar muy oscuras, que si en la fábrica le dicen no se qué… ¿pero para que me das el catálogo para escoger la puerta hombre de Dios, si luego quieres poner la que a tí te sale de los cojones???

Con la cocina más de lo mismo. Escogemos el material de las puertas y aceptamos el diseño que nos proponían, después de hacer algunos cambios. Pues otra vez todo son problemas. Queríamos poner una columna / botellero en un rincón que quedaba muerto y otra vez a la carga, que si os va a quedar muy mal, que si vais a ver mucha botella, que si no preferís la mitad botellero y la mitad vitrina. Lo mismos para el módulo de debajo del fregadero, que eso no os va a quedar bien, que ahí tenéis que poner el cubo de la basura. Que no, tío que nooooo!! ¿por qué no te ahorras los consejos no solicitados y haces lo que te decimos? Ya pondré yo el cubo de la basura donde me salga de las narices. Que además yo tengo tres cubos de la basura, que en mi casa se recicla!

Llegados a este punto se me ocurren una serie de preguntas ¿para qué me hace perder el tiempo escogiendo nada si luego quiere hacer él lo que le da la gana? ¿acabaré teniendo la casa al gusto del carpintero en vez de a mi gusto? y la última y más importante ¿por qué de un tiempo a esta parte parece que todo el mundo se ve en la obligación de darme opiniones y consejos no solicitados

 Si os parece que el tono de este post es algo… comoconmalahostia, estáis en lo cierto, los estoy escribiendo en caliente. Tenía la intención de escribir a cerca de los 15 meses de Redondo, pero después de la última llamada del carpintero no me pude resistir. Tengo que prevenir a todo aquel que me lea de que si en algún momento de enajenación mental se le pasa por la cabeza meterse en obras, mejor que se tome unas copas y olvidarse del asunto. Hacedme caso.

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3 comentarios en “El carpintero tocapelotas

  1. Uff…obras…palabras mayores! Yo vivo en un piso alquilado y ya fue todo un yuyu arreglar la cocina y los baños…Muchos ánimos, jajajaja!
    Besos!

  2. Maldita sea la hora en que se nos ocurrió la idea… por ahora aún estamos en nuestro pisito alquilado conviviendo con nuestras compañeras de piso las humedades. El invierno pasado me salió moho en la ropa de verano que tenía guardada en cajones de plástico… con eso te lo digo todo. Pero aún así, si llego a saber donde me metía me quedaba quietecita con mis humedades y todo.
    Besos!

  3. Pingback: Éramos pocos y parió la abuela | días de 48 horas

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