De como apareció el Redondo en nuestras vidas (y 3)

Después de los posts hablando de mi embarazo me he dado cuenta de que no había escrito acerca de cómo llegó Redondo a este mundo. Así que como no hay dos sin tres, hoy toca la tercera parte. 

El Redondo llegó con retraso. A pesar de llevar un embarazo buenísimo, las últimas semanas se me hicieron muy cuesta arriba. Tenía los pies como bolas, no descansaba bien por las noches, y me encontraba pesadísima. En una de mis últimas visitas a la ginecóloga detectaron que tenía el líquido amniótico algo escaso, estaba justo en el límite. Por eso al final estuve yendo todas las semanas a monitores y a hacerme ecografías para controlar el líquido. 

En cada revisión yo me decía “Venga, que hoy seguro que aparece alguna contracción” pero nada, aquello no se movía ni de coña. El latido del bebé perfecto, pero las contracciones ni la primera, aquello parecía un mar en calma, ninguna montañita a la vista. Así que yo ya me fui mentalizando de que la cosa iba para largo. 

Yo venga a largas caminatas, a subir y bajar escaleras pero no había manera, finalmente llegó la fecha límite que me habían dado y el Redondo sin dar signos de querer salir. Así que allá nos vamos para el hospital un miércoles a las nueve de la mañana. Llegamos, nos dieron habitación, nos acomodamos y todo esto yo tan pancha y tranquila como mi marido, que es el Hombre Tranquilo. 

A las 10 me miraron y tenía 1cm escaso dilatado, me colocaron un gel en el cuello del útero que supuestamente me empezaría a provocar contracciones. Me dejaron allí una hora esperando a que hiciera efecto pero podía seguir esperando hasta hoy que aquello fue como si me dieran un vaso de agua. Ni me enteré. Así que a las 11 de la mañana me pusieron un gotero con oxitocina que me hizo exactamente el mismo efecto. Cada media hora venían a subirme la dosis pero yo estaba como ahora mismo, sólo que más aburrida. 

A las cuatro de la tarde, cuando estaban a punto de dejarme tranquila (más aún jeje) y probar de nuevo al día siguiente, rompí aguas, pero yo sin tener la más mínima molestia. 

Las horas pasaban y yo más aburrida que si me tienen rezando el rosario. Contracción ni la primera. Las matronas de cada vez que venían comprobaban que seguía con mi centímetro escaso. 

A las 10 de la noche vino la ginecóloga, comprobó que yo estaba tan pancha y que seguía con mi centímetro y casi le da algo a la mujer. “Chica, es que eres inmune a la oxitocina” me dice. Así que en vista de que la cosa no prosperaba y que no podíamos esperar al día siguiente porque ya hacía mucho que había roto aguas pues decidieron hacerme una cesárea. 

Fue todo un visto y no visto, a las 10 de la noche me dice la ginecóloga que me hacen la cesárea, bajo yo andando para el quirófano y ya me están esperando. El anestesista me pone la epidural y ya me tienen que ayudar a acostarme porque fue algo instantáneo, ya no era capaz de mover bien las piernas (menos mal que la epidural me hace más efecto que la oxitocina que si no… jejeje). Y a las 10:17 nació mi Redondo. Me lo enseñaron por encima de la pantalla esta que te ponen para que no veas nada y ya se lo llevaron para hacerle sus cositas. Yo lo oía llorar en la habitación de al lado mientras acababan conmigo. Pero fue todo tan rapidísimo que a las 10:35 ya estaba yo en la habitación con mi niño al pecho. 

Luego me contó mi Hombre Tranquilo que el niño subió con él para la habitación mientras yo aún estaba en el quirófano. Al llegar arriba le mandaron sacarse la camiseta y coger al niño contra su pecho para que no tuviera frío. De echo cuando llegué yo a la habitación estaban así y es una imagen que tengo grabada en la mente, súper bonita. Parece ser que nuestro Patitas de Pollo al estar contra el pecho desnudo de su papá el pobre quería mamar y le buscaba el pezón a su padre. Pero entonces llegué yo al rescate, en cuanto me lo pusieron al pecho se enganchó enseguida. 

Y así fue como empezó nuestra bonita historia de amor y nuestra bonita historia de lactancia. Y tengo que parar de contar porque me pongo sensiblera 😉

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8 comentarios en “De como apareció el Redondo en nuestras vidas (y 3)

  1. Si, eso tengo entendido, que así es más doloroso. Yo me libré de ese dolor pero luego me toco el de tener un agujero extra en la barriga durante un tiempito. Pero las hormonas son unas desgraciadas y hacen que todo se te olvide y que te entren ganas de tener otro ;P
    Besos!

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